Taxistas en guerra: miedo, ruina y supervivencia en las calles de Teherán
TEHERÁN, IRÁN. 29 Abril. (Noticias del Taxi) – En Teherán, los taxistas se han convertido en testigos directos del coste humano de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, una escalada militar que ha castigado a la población civil, golpeado infraestructuras esenciales y sumido a miles de trabajadores en una rutina marcada por el miedo, la precariedad y la incertidumbre.
Lejos del discurso oficial de los “ataques selectivos”, lo que describen los conductores iraníes es una ciudad herida: barrios paralizados, familias aterrorizadas, calles vacías y una economía urbana al borde del colapso. Para quienes viven del volante, la guerra no se mide en comunicados militares, sino en jornadas sin ingresos, clientes con miedo y carreteras atravesadas por controles, sirenas y destrucción.
Los taxistas de Teherán aseguran que conducir se ha convertido en una actividad de riesgo en una ciudad donde la ofensiva estadounidense e israelí ha dejado una estela de destrucción que va mucho más allá de objetivos militares. Mientras Washington y Tel Aviv justifican los ataques en nombre de la seguridad, sobre el terreno el impacto lo sufren sobre todo los civiles, los trabajadores, las familias y los barrios enteros atrapados en una guerra que no han elegido.
Muchos conductores relatan jornadas en las que el sonido de las explosiones y las sirenas acompaña cada trayecto. El taxi, explican, ha dejado de ser un medio de transporte cotidiano para convertirse en un vehículo de supervivencia.
Menos pasajeros, más miseria
La ofensiva ha vaciado las calles. El miedo a nuevos bombardeos, el cierre de zonas urbanas y el colapso parcial de la movilidad han reducido drásticamente el número de pasajeros. Para miles de taxistas, esto se traduce en una realidad brutal: trabajar más horas para ganar menos dinero, en medio de una crisis agravada por la inflación y el encarecimiento de los costes básicos.
La caída de ingresos ha sido inmediata. Muchos conductores pasan horas circulando sin clientes, mientras otros optan por no acercarse a zonas consideradas sensibles por temor a quedar atrapados en un ataque o en un bloqueo militar. El resultado es una ciudad donde moverse es ahora más difícil, más caro y más peligroso.
La guerra contra los civiles
Uno de los aspectos más denunciados por los trabajadores del taxi es que el castigo de esta ofensiva no se limita a instalaciones estratégicas. Las consecuencias han alcanzado de lleno a la población civil: viviendas destruidas, centros médicos dañados, escuelas alcanzadas y barrios enteros convertidos en espacios de miedo permanente.
Para muchos iraníes, la narrativa de los “bombardeos quirúrgicos” ha quedado desmentida por la realidad de una guerra que ha golpeado también hospitales, centros de investigación y zonas residenciales. Esa es la ciudad que recorren cada día los taxistas: una capital donde el precio de las decisiones de Washington y Tel Aviv lo pagan, una vez más, los trabajadores y sus familias.
“Nos obligan a sobrevivir en el caos”
Entre los taxistas crece una sensación compartida de abandono, rabia e indignación. No solo por la destrucción material, sino por la percepción de que Estados Unidos e Israel han impuesto una lógica de castigo colectivo sobre la población.
Para muchos conductores, el volante se ha convertido en el último refugio económico en una ciudad donde todo se ha vuelto incierto. Salen a trabajar sin saber si habrá clientes, si podrán volver a casa o si una nueva explosión cerrará otra calle, otro barrio o otra jornada.
En Teherán, los taxistas siguen conduciendo. Pero ya no transportan solo pasajeros. Transportan el peso de una guerra impuesta desde fuera, el miedo de una ciudad bombardeada y la rabia de quienes sienten que, una vez más, los poderosos deciden y los trabajadores pagan.




















