martes, 29 septiembre, 2026
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Los taxistas afganos desafían la prohibición de música de los talibanes

Algunos taxistas de Kabul vuelven a poner música afgana en sus vehículos pese a la prohibición talibán y al temor a ser detenidos

Los taxistas afganos desafían la prohibición de música de los talibanes

Los taxistas de Kabul desafían en secreto la prohibición de la música impuesta por los talibanes

KABUL, AFGANISTAN. 29 septiembre 2026.  (Noticias del Taxi) – En las calles de Kabul, algunos taxistas han comenzado a recuperar una costumbre que durante años ha desaparecido de buena parte de los espacios públicos de Afganistán: escuchar música mientras trabajan. Lo hacen, sin embargo, con precaución y bajando el volumen o apagando el reproductor cuando detectan la presencia de agentes de seguridad.

Desde que los talibanes recuperaron el poder en 2021, la música ha quedado prácticamente desterrada de restaurantes, cafeterías y comercios de la capital. Las autoridades permiten únicamente determinadas composiciones religiosas o patrióticas respaldadas por el régimen.

Ahora, algunos conductores están optando por escuchar música folclórica, pop afgano y canciones de otros países de la región, aunque saben que hacerlo en público puede acarrear problemas con la policía moral.

Música a bajo volumen para evitar a la policía moral

Roeen, un taxista que únicamente facilita su nombre de pila por motivos de seguridad, explica que los conductores suelen apagar la música al aproximarse a un control.

La razón es el temor a los agentes del Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio (PVPV), encargado de hacer cumplir las normas impuestas por las autoridades talibanes.

La normativa del organismo establece que los conductores deben abstenerse de reproducir o escuchar música debido a que está prohibida y puede causar molestias a los pasajeros. Aunque el ministerio no respondió a las preguntas sobre las sanciones concretas por escuchar música, los ciudadanos conocen el amplio margen de actuación de sus agentes.

Roeen reconoce que el miedo a la policía moral condiciona incluso el volumen al que puede escuchar canciones mientras conduce por Kabul.

La música como forma de mantener viva la cultura

Para este conductor de 28 años, la prohibición ha tenido un efecto paradójico: asegura que ahora siente un interés todavía mayor por la música.

Su rutina consiste en intentar escuchar canciones a primera hora, aunque sabe que debe extremar las precauciones. Para él, hacerlo se ha convertido también en una forma de protesta ante las restricciones culturales impuestas desde la llegada de los talibanes al poder.

Otros taxistas comparten esa actitud, aunque de manera todavía más discreta. Uno de ellos, que también pidió permanecer en el anonimato, asegura que solo escucha música cuando se encuentra solo en el vehículo y que incluso entonces lo hace con cierta tensión.

El hombre, de 32 años, asegura haber sido detenido en dos ocasiones durante controles policiales por llevar una memoria USB y una tarjeta de memoria. Según su relato, los agentes encontraron música en los dispositivos y los dañaron.

Para él, mantener estas canciones tiene un significado que va más allá del entretenimiento. Considera que la música forma parte de la cultura afgana y no debería desaparecer.

Instrumentos musicales destruidos y confiscados

La prohibición no afecta únicamente a la reproducción de canciones. Como parte de la campaña contra la música considerada contraria a las normas del régimen, distintos departamentos provinciales de la PVPV han informado ocasionalmente de la quema de instrumentos musicales.

El portavoz del ministerio, Saiful Islam Khyber, ha señalado que no existen cifras disponibles sobre el número de instrumentos que han sido confiscados.

La ausencia de música forma parte de un escenario más amplio de restricciones sobre el entretenimiento. En Afganistán también se han limitado o prohibido otras formas de ocio, incluido el cine.

Los taxis, uno de los pocos espacios donde se sigue escuchando música

Los taxis compartidos tienen un papel fundamental en los desplazamientos cotidianos por Kabul, una ciudad que carece de una red de transporte público adecuada para cubrir las necesidades de todos sus habitantes.

El sistema habitual permite que dos pasajeros viajen junto al conductor y otros tres ocupen la parte trasera, aunque en ocasiones el número de ocupantes aumenta hasta el punto de que alguna persona llega a viajar en el maletero abierto.

Para algunos usuarios, estos trayectos se han convertido en una oportunidad para volver a escuchar canciones.

Shamsullah Ahmad, estudiante de máster de 29 años, explica que procura comprobar si el taxi dispone de reproductor de música antes de iniciar un desplazamiento. Prefiere escuchar las canciones dentro del vehículo porque considera que utilizar auriculares podría llamar más la atención.

Escuchar música con miedo a ser descubierto

La policía moral también controla el uso de dispositivos personales. Según los testimonios recogidos, los agentes pueden retirar los auriculares a los ciudadanos para comprobar si están escuchando música.

Por eso, el taxi se ha convertido para algunos habitantes de Kabul en un espacio relativamente discreto para recuperar una pequeña parte de las costumbres anteriores a la prohibición.

Roeen recuerda una época en la que los afganos podían escuchar canciones, bailar y celebrar sin las restricciones actuales. Ahora describe una Kabul marcada por una sensación de oscuridad cultural y por el silencio que ha acompañado a las restricciones impuestas durante los últimos años.

Mientras conduce entre el tráfico de la capital, la música vuelve a sonar en algunos vehículos, pero siempre con la precaución de quien sabe que debe apagarla en cuanto aparezca un control.

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