La deuda y las largas jornadas de trabajo asfixian a los taxistas de Nueva York tras cuatro muertes en verano
NEW YORK. 24 octubre 2026. (Noticias del Taxi) – La presión económica, las deudas y las largas jornadas laborales han vuelto a poner el foco sobre las duras condiciones de trabajo de los taxistas de Nueva York. Durante el verano, cuatro conductores de taxis amarillos fallecieron mientras trabajaban, en un contexto marcado por las dificultades para hacer frente a los gastos médicos, los pagos de las licencias y la competencia de plataformas como Uber y Lyft.
Uno de ellos fue Babacar Dem, un taxista originario de Senegal que murió a finales de agosto durante su turno de trabajo, en el baño de un establecimiento de venta de pollos situado en el Bronx. El conductor, que trabajaba en el sector desde 2001, acudía a sesiones de diálisis tres veces por semana y seguía conduciendo pese a sus problemas de salud y sus dificultades económicas.
Las deudas obligan a algunos taxistas a seguir trabajando enfermos
Babacar Dem tenía un contrato con la empresa Queens Medallion que le exigía pagar un mínimo de 800 dólares semanales durante tres años, hasta alcanzar los 125.000 dólares acordados para obtener el título de su taxi. Cuando falleció, todavía mantenía una deuda pendiente.
A pesar de necesitar diálisis tres veces por semana, el conductor intentaba continuar trabajando el máximo tiempo posible para mantenerse al día con sus obligaciones económicas.
Bhairavi Desai, directora ejecutiva de la Taxi Workers Alliance, el sindicato que representa a los conductores, describió esta situación como «una prisión de deudores» en declaraciones al medio Gothamist.
Según Desai, muchos taxistas sienten que están encadenados al volante porque empiezan cada jornada con un saldo negativo y necesitan seguir trabajando, incluso cuando están enfermos o se enfrentan a una emergencia.

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Cuatro taxistas fallecieron durante el verano en Nueva York
El caso de Dem no fue el único. Otros tres conductores de taxis amarillos fueron hallados muertos durante el verano, en circunstancias diferentes.
Khalifa Siwa, originario de Tanzania y diagnosticado de diabetes, fue encontrado muerto dentro de su taxi el 2 de septiembre, con una jeringa de insulina en la mano. Una semana antes, un dispositivo de seguimiento GPS había registrado una parada del vehículo junto a la autopista West Side Highway.
Siwa había sido hospitalizado en julio tras sufrir un derrame cerebral, aunque su médico había considerado que estaba en condiciones de trabajar. Al igual que Dem, tenía un contrato de alquiler con opción a compra que le obligaba a realizar pagos semanales.
Otro de los fallecidos fue Richard Coulibaly, un taxista de 73 años originario de Costa de Marfil que también mantenía obligaciones contractuales con Queens Medallion. Murió dentro de su vehículo el 2 de julio, durante una intensa ola de calor.
El cuarto caso fue el de Jagjit Singh, encontrado muerto en su taxi en el barrio de West Village el 11 de septiembre. Según la información publicada, se sospecha que sufrió un infarto.
La competencia de Uber y Lyft ha cambiado el negocio del taxi
Las condiciones económicas de los conductores de taxis amarillos se han deteriorado notablemente con la expansión de plataformas como Uber y Lyft, que cuentan con más de 84.000 vehículos autorizados para operar en Nueva York, según los datos recogidos en la información original.
Frente a esta cifra, la ciudad conserva poco más de 10.000 taxis amarillos en circulación. Sus conductores deben afrontar largas jornadas laborales para obtener una media aproximada de 387 dólares diarios en tarifas.
A los gastos asociados al vehículo y a la actividad se suman, en algunos casos, las deudas derivadas de los contratos de adquisición de las licencias. Esta situación dificulta que los taxistas puedan reducir sus horas de trabajo, incluso cuando su salud se resiente.
Las dificultades económicas también afectan a la vivienda
La precariedad de los conductores va más allá de las condiciones laborales. Una encuesta sindical realizada a más de 400 taxistas reveló que el 10 % conocía a otros conductores que se habían quedado sin hogar.
Además, el 30 % de las personas encuestadas había acumulado retrasos en el pago del alquiler o de la hipoteca durante el año anterior, según los datos difundidos por Desai.
Estas cifras reflejan la presión financiera que soportan algunos trabajadores del sector, que deben compatibilizar los gastos cotidianos con los pagos relacionados con sus vehículos y licencias.
La crisis de las licencias de taxi dejó a numerosos conductores endeudados
Las cuatro muertes del verano también han reavivado el recuerdo de los al menos ocho taxistas que se suicidaron en 2018 tras atravesar situaciones económicas desesperadas.
Durante años, las licencias de los taxis amarillos llegaron a superar el millón de dólares y se promocionaban entre los conductores como una inversión para toda la vida. Sin embargo, la expansión de Uber y Lyft alteró el mercado y provocó una fuerte caída del valor de estas licencias.
Los taxistas que habían comprado sus permisos a precios elevados quedaron expuestos a importantes deudas cuando el valor de sus activos se desplomó. Para muchos, la inversión que debía garantizarles estabilidad económica terminó convirtiéndose en una carga financiera difícil de soportar.
La situación de estos conductores ha vuelto a poner sobre la mesa el impacto de las deudas, la competencia en el sector y la falta de margen económico para descansar o atender problemas de salud sin poner en riesgo sus ingresos.




















