Cabify intenta banalmente dar una sensación de rentabilidad para acercarse a pública

Cabify, la empresa de transporte que se convirtió en la primera start-up española en tener la calificación de ‘unicornio’ en 2018, ahora dice que es rentable, algo que, según afirman, sería la primera en conseguirlo dentro de esta actividad.

El hito llega en un momento en que los inversores han dejado de ser tolerantes con este tipo de compañías que generan grandes pérdidas, después de la deslucida oferta pública inicial de Uber el año pasado.

Cabify, que también opera en 10 países latinoamericanos, registró unos insignificantes beneficios de tres millones de dólares en el cuarto trimestre de 2019.

Esto, antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización.

Cabify reportó ventas netas de 29 millones para el cuarto trimestre y 104 millones para 2019 en su conjunto.

El intento de parecer rentable

Agregó que su giro hacia la rentabilidad se debió principalmente a la tecnología que le permitió utilizar los descuentos y pagos a sus conductores de manera más efectiva.

Dijo que operar el flujo de caja libre, que tiene en cuenta algunos pagos a los ingenieros, también fue positivo o sobre el punto de equilibrio.

Esto se define básicamente en aumento de tarifas a sus clientes en los momentos de alta demanda, reducción de comisiones a los conductores y eliminación de puestos de trabajo en su estructura.

Donde más despidos y recortes de estructura hubo fue en Latinoamérica a lo largo del pasado año.

En concreto, donde más afectó fue en Brasil, tras el aterrizaje del gigante chino Didi, con Softbank, Apple o Alibaba entre sus accionistas. Allí abandonó después de que las pérdidas se dispararan.

«El negocio tal como es ahora puede sostenerse y sobrevivir», dijo Juan de Antonio, fundador y director ejecutivo del grupo. “Lo que está sucediendo en el resto de nuestra industria es muy diferente. . . es un logro único».

Los directivos de Cabify se reparten 2 millones mientras la empresa presenta pérdidas

En el ejercicio de 2018 las cuentas de Cabify presentaban unas pérdidas de 1.140 millones de pérdidas, en lo que fue su mejor año de facturación.

A pesar de esto, los 17 integrantes directivos de Cabify se repartieron 1.950.000 euros en ese año.

Las pérdidas en el 2018 ascendieron a 1.140 millones de euros, lo que supone una reducción notable de las pérdidas respecto a los 3.800 millones de 2017 y los 4.600 de 2016.

Las pérdidas acumuladas de Cabify se han conseguido limpiar gracias a las inyecciones de capital de Seaya Ventures (10%) y Rakuten (40%).

De Antonio dijo que Cabify, que tenía un valor de 1.400 millones en 2018 cuando recaudó 160 millones de los inversores, estaba «listo para ser una empresa pública», pero no tenía la necesidad a corto plazo de una oferta pública inicial. «Podemos financiarnos con los fondos que ya tenemos», dijo.

La compañía, fundada en 2011, además de operar en España, lo hace en Perú, Chile y Argentina.

Cabify dice que se diferencia de otras empresas de este tipo por proporcionar WiFi gratuito, medidas de seguridad adicionales y compensación de los índices de contaminación en sus vehículos.

En este aspecto, los sindicatos han denunciado a Cabify ante la inspección de trabajo por la explotación laboral que sufren sus conductores.

En referencia a la contaminación de sus vehículos, el diario Timis Local News, emitió un informe en junio del año pasado, en el que indicaba que Cabify presumía de ser eficiente mientras casi toda su flota de automóviles se movía a través de motores diésel.

Cabify intenta banalmente dar una sensación de rentabilidad para acercarse a pública

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