Sobre razones y pasiones

Comentaba hace años cierto político que el pueblo no goza de esa inteligencia que a priori se le supone, que se mueve por pasiones sin reparar en razones ni análisis profundos y que es fácilmente manejable si se actúa sobre los resortes adecuados.

Cuando han pasado varias décadas de aquella afirmación, se puede comprobar fácilmente que no solo es cierta sino que se puede aplicar a todas las capas y estratos sociales.

El sector del taxi es un claro exponente y un formidable campo de pruebas para quien guste estudiar aquella afirmación.

En los últimos días hay un cierto revuelo, un resquemor general y generalizado dentro del taxi a resultas de una reunión (la primera y no la última) de los representantes de la asociación Élite Txi Barcelona con el archiconocido enemigo UBER.

El simple anuncio del encuentro disparó las alarmas a todos los niveles y provocó la tradicional carrera de unos por defender un espacio para hablar –los menos– y de otros para desmarcarse de todo lo que tuviera tufillo a ELITE BCN, a su actual portavoz Tito Álvarez y por extensión a cualquiera que a día de hoy mantenga algún contacto con esa asociación.

«UBER es el enemigo», «con UBER no hay que reunirse para nada», «con UBER no», «ELITE BCN traiciona al taxi»… Son expresiones que conforman la ensalada con la que se han despachado los detractores no solo de UBER, sino de la actual Junta Directiva de ELITE TAXI BCN.

Son muy pocos los que han respirado dos veces antes de soltar los dedos sobre el teclado y lanzar a diestro y siniestro sobre el ecosistema de las RRSS.

Parece también que son muy pocos los que conservan memoria suficiente para mirar unos años atrás y recordar que fue precisamente Elite Taxi BCN quien puso en solfa a la multinacional, quien movilizó al colectivo del taxi barcelonés y quien logró detener las iniciales pretensiones de la americana.

Hoy, casi 7 años después y con varias refriegas a las espaldas, Elite Taxi fue llamada por UBER a sentarse para intercambiar impresiones.

No es nuevo que UBER ya ha flirteado con el taxi en el pasado, –los números no salían antes ni salen ahora con la pandemia– aunque nadie ha dicho esta boca es mía ni ha montado numeritos. Se ha guardado silencio cuando han sido taxistas a nivel individual quienes han promovido pequeños conatos de adhesión.

Es más fácil mirar hacia otro lado cuando lo hacen los taxistas y por contra resulta más motivador rasgarse las vestiduras y arremeter contra Elite Taxi BCN.

Por el momento no tenemos nada sólido para juzgar de manera objetiva dicha reunión, pero no importa.  Importa hacerse el purista, el cristalino, el impoluto y sin tacha frente al «malo y traidor».

El problema no es que Elite Taxi BCN se siente con UBER, el problema es que no hemos aprendido nada.

No hemos aprendido que la meta de UBER no se difumina ni se altera gritando en las redes sociales, no hemos aprendido que cada taxista es un mundo con sus entresijos y sus oscuridades, con sus luces y sus sombras, no hemos aprendido a entender las razones que mueven al taxista a entregarse en brazos de multinacionales y, en definitiva, no hemos aprendido a razonar sino a parapetarnos detrás de tópicos y mantras mientras el gigante se mete en casa y no por culpa de Elite Taxi BCN.

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