miércoles, 2 septiembre, 2026
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Menos «No a la Ley Tito» y mas alternativas

¿Quién defiende al taxi cuando defender al taxi significa ser contundente?

Hay momentos en la vida de un sector en los que hay que parar, mirar hacia atrás y preguntarse quién ha estado realmente en la calle cuando tocaba luchar y quién aparece después para cuestionar las decisiones que otros han conseguido poner encima de la mesa.

En el taxi de Barcelona llevamos años viviendo esta situación. Un sector dividido, con diferentes organizaciones, sindicatos, asociaciones y formas de entender el futuro. Y tener opiniones diferentes no debería ser ningún problema. Al contrario: el debate y la discrepancia pueden ser positivos.

El problema aparece cuando la crítica se convierte en el objetivo principal y, mientras se dice «No al BESCANVI» o «No a la ley Tito», no se explica con claridad cuál es la alternativa que se propone para solucionar los problemas que llevamos años denunciando.

Antes de criticar, habría que recordar quién ha estado en la calle

Tanto un servidor como tantos, siendo parte activa del sector, sabemos que Élite Taxi no se creó en un despacho, sino en las calles con la necesidad de defender al taxi cuando las plataformas irrumpieron con una fuerza enorme en nuestro sector y cuando muchos pensaban que los taxistas no teníamos capacidad para plantarles cara.

Durante años, compañeros de Élite Taxi han dedicado miles de horas a reuniones, movilizaciones, concentraciones, manifestaciones, negociaciones con las administraciones y conversaciones con grupos políticos.

Y todo ese trabajo se ha realizado sin remuneración. Hay personas que han sacrificado horas de descanso, familia, trabajo y tranquilidad personal para defender un sector del que viven como cualquier otro taxista.

Podemos discutir decisiones. Podemos discrepar de estrategias. Podemos pensar que determinadas propuestas deberían modificarse. Incluso podemos estar en desacuerdo con Tito Álvarez o con cualquier otro compañero que opine igual.

Pero una cosa es discrepar y otra muy diferente es intentar borrar de un plumazo años de trabajo y de movilizaciones.

La nueva ley no ha aparecido de la nada

Actualmente el Parlament de Catalunya tramita la Proposición de ley de transporte de personas en vehículos de hasta nueve plazas. La iniciativa fue presentada conjuntamente por PSC-Units, Junts, ERC, Comuns y CUP-DT y continúa su tramitación parlamentaria.

Y esto es importante porque demuestra que el debate ya no está únicamente en la calle.

El taxi ha conseguido llevar al ámbito político una cuestión que durante años parecía imposible resolver: cómo ordenar de una vez por todas la convivencia entre el taxi, las VTC y las nuevas plataformas de movilidad.

El propio Parlament explica que la proposición pretende establecer un marco regulador actualizado e integral para ordenar el sector del taxi y los vehículos VTC, además de otros servicios urbanos e interurbanos similares. También reconoce al taxi como servicio económico de interés general, con obligaciones de servicio público.

Por tanto, reducir todo este debate a «la ley de Tito» me parece un error.

Una ley no pertenece a una persona.

Una ley pertenece al Parlamento que la aprueba y, sobre todo, al conjunto de la sociedad que estará sometida a ella.

¿BESCANVI sí o BESCANVI no? La pregunta es otra

Se ha convertido el BESCANVI en uno de los grandes motivos de enfrentamiento dentro del sector.

Es legítimo estar en contra. Es legítimo considerar que el mecanismo debe modificarse. Es legítimo presentar argumentos jurídicos, económicos o profesionales para intentar cambiarlo.

Lo que no entiendo es que el debate se quede únicamente en un «NO».

Porque entonces aparece la pregunta que cualquier taxista tiene derecho a hacer:

Si rechazamos el BESCANVI, ¿qué alternativa concreta proponemos?

¿Cómo vamos a solucionar el problema de las VTC que trabajan bajo plataformas?

¿Cómo vamos a impedir que determinadas empresas condicionen el mercado?

¿Cómo vamos a garantizar que el taxi pueda seguir prestando un servicio público con unas reglas claras?

¿Cómo vamos a controlar también a aquellos taxistas que incumplen las normas y perjudican la imagen de todo el colectivo?

Y, sobre todo, ¿qué alternativa legislativa ponemos encima de la mesa?

El taxi también necesita hacer autocrítica

Defender Élite Taxi no significa defender que todo lo que haga Élite Taxi sea perfecto.

Yo soy taxista y sé perfectamente que dentro del taxi hay comportamientos que debemos combatir.

Hay taxistas que trabajan correctamente y que cada día hacen un esfuerzo enorme para ofrecer un buen servicio. Pero también existen malas prácticas que perjudican a todos.

Y precisamente por eso considero importante que una nueva legislación ponga orden tanto en las VTC como dentro del propio taxi.

Si queremos exigir a Uber, Cabify, Bolt y al resto de operadores que cumplan las reglas, también debemos aceptar que el taxi tenga mecanismos de control sobre quienes no cumplen.

Defender el taxi no significa defender cualquier comportamiento realizado por un taxista.

Defender el taxi significa defender un modelo profesional, regulado, accesible, controlado y orientado al ciudadano.

STAC, ATC, Paktaxi y el resto también tienen derecho a opinar

Quiero ser claro en este punto: STAC, Agrupació Taxi Companys, Paktaxi y cualquier otra organización del sector tienen todo el derecho a expresar su opinión.

No estoy pidiendo que todos pensemos igual.

Lo que estoy pidiendo es que el debate sea honesto.

Si una organización considera que el BESCANVI es perjudicial, que explique exactamente por qué.

Si considera que determinados artículos de la futura ley son negativos, que los señale.

Si tiene informes jurídicos o económicos que demuestran que una determinada medida perjudicará al taxi, que los presente.

Y, sobre todo, que explique cuál es su alternativa.

Porque decir «no» es muy fácil.

Lo difícil es conseguir que los políticos, las administraciones y los diferentes grupos parlamentarios acepten una solución que realmente proteja al taxi.

No confundamos a Tito Álvarez con el conjunto de una ley

Otra cuestión que me preocupa especialmente es convertir el debate legislativo en un enfrentamiento personal contra Tito Álvarez.

Podemos discutir con él. Podemos criticar sus declaraciones. Podemos discrepar de sus decisiones.

Pero llamar a una iniciativa parlamentaria «la ley Tito» no aporta absolutamente nada al debate.

La proposición de ley está siendo tramitada por el Parlament y puede recibir modificaciones durante su recorrido parlamentario. De hecho, la propia documentación parlamentaria contempla el proceso de comparecencias y presentación de enmiendas durante la tramitación.

Por eso, antes de lanzar consignas, deberíamos leer el texto.

Analicemos artículo por artículo. Veamos qué funciona, qué no funciona y qué debe cambiarse.

Eso es hacer sindicalismo. Eso es hacer política sectorial. Eso es defender al taxi.

Mientras discutimos entre nosotros, las plataformas siguen avanzando

Esta es probablemente la cuestión que más me preocupa.

Mientras los taxistas discutimos sobre quién tiene más razón, las grandes plataformas siguen teniendo capacidad económica, tecnológica y empresarial para influir en el mercado de la movilidad.

Y no podemos permitirnos el lujo de estar permanentemente enfrentados.

El conflicto entre taxi y VTC lleva años sin una solución definitiva. El propio Parlament reconoce que la normativa existente ha quedado desfasada ante los cambios experimentados por el sector y que existe un problema de convivencia que debe ser ordenado.

Entonces tenemos dos opciones.

Podemos seguir peleándonos entre nosotros.

O podemos sentarnos, estudiar la propuesta, presentar enmiendas y construir una regulación que permita al taxi seguir siendo un servicio esencial para los ciudadanos.

El trabajo de Élite Taxi merece respeto

Como miembro activo de Élite Taxi, no voy a esconder mi posición.

Defiendo el trabajo que durante años han realizado sus compañeros.

Defiendo las horas dedicadas gratuitamente.

Defiendo las movilizaciones.

Defiendo las negociaciones.

Defiendo que un grupo de taxistas haya tenido el valor de enfrentarse a empresas con recursos económicos infinitamente superiores.

Y defiendo especialmente a todas aquellas personas que, desde la Junta Directiva, los equipos jurídicos, económicos y de asesoramiento, han dedicado tiempo y esfuerzo a intentar conseguir una solución para el futuro del taxi.

Eso no significa que tengamos que estar de acuerdo en todo.

Pero sí significa que ese trabajo merece respeto.

Ahora toca decidir qué taxi queremos para los próximos años

El debate actual es mucho más importante que Tito Álvarez, Élite Taxi, STAC, ATC o Paktaxi.

Estamos decidiendo qué modelo de taxi queremos para las próximas décadas.

Queremos un taxi regulado, profesional y protegido como servicio de interés general.

Queremos reglas claras.

Queremos controlar las VTC y las plataformas que operan en nuestro territorio.

Queremos acabar con los abusos dentro del propio taxi.

Queremos que las administraciones recuperen capacidad de control sobre la movilidad.

Y queremos que el ciudadano siga teniendo un servicio de taxi disponible, seguro y regulado.

Por eso creo que ha llegado el momento de dejar a un lado los eslóganes fáciles.

Menos «No a la ley Tito» y más propuestas.

Menos «No al BESCANVI» y más alternativas.

Menos guerras entre taxistas y más trabajo para defender al taxi.

Porque al final, cuando pase todo este ruido, las organizaciones seguirán existiendo, los dirigentes cambiarán y las discusiones quedarán atrás.

Pero nosotros, los taxistas, seguiremos teniendo que ganarnos la vida cada día al volante.

Y por eso tenemos la obligación de pensar en algo mucho más importante que nuestras diferencias:

¿Qué taxi queremos dejar a los que vengan después de nosotros?

Yo lo tengo claro: un taxi fuerte, unido, profesional y con capacidad para decidir su propio futuro.

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