Torrente 6: Operación Uber Files V

T Resurrección

Ayuso fue vista en el Valle de los Caídos. Precisamente por un miembro destacado de Élite Madrid, que además la siguió al reconocerla.

Fue testigo de cómo dos ayudantes montaban un cadáver en una carretilla. Vieron un panteón abierto donde habían exhumado a Francisco Franco y con atrevimiento lanzaron los restos de un gordinflón.

Eran las 4 de la madrugada cuando despertaron a Lorenzo. No lo podía creer. Alguien había matado al tipo que más odiaba. Se le adelantaron.

A las 6, más de diez elites conseguían alzar el cadáver de Torrente. Lo envuelven bien con la alfombra roja en la que la que lo habían arrojado. Lo llevan a la Sede Central de Élite Madrid. Vesga insiste en que le saquen la ropa, que no le quiten las manchas de sangre. A continuación compran un enorme congelador. Depositan el cuerpo desnudo, con sus calzoncillos cagados. La temperatura será de -12, ideal en un invierno no muy frío.

La rueda de prensa había desencadenado una enorme expectación:

”Desde luego estas medidas suponen un enorme avance para los ciudadanos madrileños. Al igualar al taxi con el excelente servicio de los VTC no sólo conseguimos modernizar un servicio público anquilosado. Damos así un respaldo a la libre elección en un mundo globalizado que respalda la libre competencia. Sabemos positivamente que los que hoy critican mañana agradecerán estas decisiones. Alguna pregunta?”.

“Melania Lara, de Timis. Señora Ayuso: es consciente que saltándose la legalidad, no sólo en la otorgación de licencias a 36 euros, sino además dándoles la posibilidad de hacer servicios interurbanos para lo que no estaban concebidas, se enfrenta a la posibilidad de innúmeras demandas?”.

“Somos totalmente conscientes y afrontaremos esas seguras demandas. ”Fue seca en la respuesta. Luego se volvió para responder a la segunda pregunta.

Le llamó la atención que enfrente suyo, tocando a la puerta había un tipo gordote vestido exactamente igual que el Torrente que había asesinado. No era él exactamente, quizás, y había dos niños, uno vestido de cuervo y otro de gato negro. Siguió fríamente. El Baena y sus dos cabestros rieron sádicamente.

El moderador señaló al siguiente en preguntar:

“Eduardo Estrada, de Todo Taxi: no teme la reacción de los taxistas, no sólo de Madrid, sino de todo el Estado español?”.

“No entiendo que protestan. Es un bien para todos. Es una gran ley. ”Ayuso estaba alucinando. Ahora había un tipo disfrazado de Torrente con una camiseta de Padre no hay más que uno IV. Era Santiago Segura anunciándose, con un notable parecido al Torrente original.

El siguiente era un periodista de lo más conocido: Carlos Rodríguez de El Común: No cree que su actuación en el taxi podría ser juzgada por lo criminal?”.

Ayuso no sólo se asustó por la pregunta. Estaba llena de terror al ver al auténtico Torrente, con las mismas manchas de sangre de cuando lo arrojó a la tumba del Generalísimo.

Las cámaras del Lorenzo y Fran Castro se centraban en las reacciones de Ayuso cuando un muy bien caracterizado Albert Álvarez la aterrorizaba:

“Amigueta presidenta. Hacemos unas pajillas?”. El chillido de Ayuso fue descomunal. Salió corriendo, desplazando el micrófono, que cayó ostentosamente sobre el suelo.

Los verdaderos periodistas, encerrados y vigilados por los elites, asistían mientras tanto a la colocación del cuerpo de Torrente con sus característicos calzoncillos cagados.

Era un congelador enorme con algo que pretendía ser hielo y que ya era agua bien fresca. Les entregaron unas fotos donde se veían las maniobras de lanzamiento a la fosa del dictador. Las imágenes del taxista que la siguió era un chivatazo en toda regla. Se veía todo el proceso de ocultación y el lanzamiento del cuerpo a la fosa.

Las imágenes de las cámaras incautadas a TVE y Antena 3, manejadas por Fran Castro y el Lorenzo son enviadas a Carl Berstein y Bob Woodward. El Washington Post las hace mundialmente virales.

Antes de llegar a Zaragoza un helicóptero de la Guardia Civil aterrizaba a mitad de autopista. El convoy catalán era detenido. Periodistas de todo el mundo daban las imágenes en directo, así como la salida de los diez elites arrestados en la Taberna del gallego. Los activistas del taxi se dirigían a las cámaras mostrando un índice vertical sujetando a otro índice horizontal sobre la mitad. Era la T de taxi. La nueva V de Vendetta. Esa T abrirá los Telediarios del planeta porque poco tiempo después salían las terribles imágenes de Isabel Díaz Ayuso detenida por la Benemérita. Era acusada del asesinato de un antiguo guardia civil, el conocido como Torrente, quien actualmente ejercía como detective privado en Madrid y alrededores.

Mientras, en el aeropuerto de Brasilia, cruzaba con pasaporte diplomático el verdadero José Luis Torrente. Un coche oficial lo condujo al Palacio Residencial de Lula Da Silva.

De un estuche bien cerrado, debajo de colonias y espuma de afeitar sacó el producto esperado. Le mostró el sello real que certificaba que era El Santo Grial. El zumo diarreico de Richards, el Santo Grial producto de una Eucaristía entre el Diablo, 70.000 taxistas y el productivo trasero del guitar player stoniano durante la concentración de Bruselas, sustraído a Élite de su caja fuerte. Garantizaba a Torrente casa, comida y prostitutas mientras compartía playa particular con Elvis Presley.

Lo habían obligado los socialistas. Los mismos que prohibieron los prostíbulos y que luego le obligaron a fingir su muerte con unas balas de fogueo y un colchón en la tumba de Franco. Los que pusieron un cadáver fresco con sus ropas.

180.000.000.000.000 reales. Y putillas y pajillas de por vida. ”Si quieres putas, hablaremos con Lula, pero tendrás que joder a la Ayuso”. Era Felipe González, que lo conocía desde el GAL. “Nosotros te conseguimos el Santo Grial”. Mister x no olvidaba a los suyos.

Le sabía mal por Ayuso. Pero ella ya estaba vieja. Una milf demasiado madura. Pronto se olvidó de su amor por ella. Cuando llegaron las mulatas de Minas Gerais.

Según Lula:

”Voce é nosso convidado, nada lhe faltará. Se precisar alguma coisa, assobie. ”No le entendió, pero cumplía con lo prometido.

Mientras, Lula da Silva colocaba El Santo Grial junto a los objetos de santería y de la religión espirita y ecléctica, la fe umbanda que profesaba.

El Dioni era un aficionado que llegó sin recomendación. A José Luis Torrente nunca lo pillaron. Tenía ese X que lo distinguía. La X de González. La X de Felipe y de Márquez.
La T de Torrente. La T de taxi.


“Eso no tiene importancia señor Presidente, los caracoles son hermafroditas”

 

Torrente 6: operación Uber Files

 


Torrente 6: Operación Uber Files II

 

Torrente 6: Operación Uber Files II

 


Torrente 6 Operación Uber Files III

 

Torrente 6: Operación Uber Files III

 


Torrente 6: Operación Uber Files IV

 

Torrente 6: Operación Uber Files IV